Ir de chino

Los viernes por la tarde voy de chino: a lo largo de la semana me apunto las cosas pendientes para comprar en su establecimiento y el viernes, con más tiempo, voy a hacer la compra. Siempre tengo cosas pendientes: que si una manopla, que si un tornillo para un cajón suelto, que si una alfombrilla… Y este chino no es uno normal, es una ‘megastore’ china.

Es tan grande que, a menudo, es difícil encontrar lo que uno busca a la primera, y siempre tengo que buscar a uno de la tienda para me indique La última vez me sucedió una cosa más que curiosa. Ya me conocen, soy una especie de cliente habitual, y si fuera una cadena de establecimientos seguro que tendría la tarjeta de cliente fiel: así que siempre que pueden, me ayudan.

El caso es que había ido a comprar bombillas bajo consumo baratas. Quería cambiar varias bombillas de mi casa en la zona del salón, que lo uso mucho, y quería unas nuevas de bajo consumo, pero tenían que ser unas muy específicas para una serie de tiras de LED que tengo en el suelo y el techo. La operación de cambio iba a ser costosa en cuanto a tiempo, pero prefería hacerlo todo de una vez porque estaba gastando demasiado con las bombillas viejas.

Cuando le pregunté a uno de los empleados de la tienda si tenían lo que buscaba quedó un poco dubitativo, así que fue a preguntar al jefe, que creo que es su padre, el cual volvió y rebuscó entre todas las bombillas. Yo estaba convencido de que las encontraría (es todo un crack, siempre sabe dónde está todo). Pero en esta ocasión no lo tenía en tienda: me dijo en su limitado español que iba al almacén… y desapareció.

Sucedió que, luego, mirando hacia la puerta le vi coger el coche y salir escopetado y me quedé alucinado, pero el empleado me dijo “5 minutos”. Tardó algo más, pero llegó, entró por la puerta y así pude comprar bombillas bajo consumo baratas. Resultó que él las había ido a comprar a otro chino que está un poco más allá… Eso es vender, cueste lo que cueste.